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El Mundo de Sauac by Sauac esta licenciado

El mundo de Sauac

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Nombre: Sauac
Ubicación: Alicante, Spain

23 junio 2009

Prologo

Entrada: 23/06/09 15:30


Habría sido un mañana como otra cualquiera si mi muerte no hubiese interrumpido mi querida y monótona agenda. Cuando uno se levanta de la cama,a menos en lo que a mi respecta, no bosteza pensando que cuando el sol llegue a su cenit exalará su último aliento de vida como ser humano. Desde que tienes uso de razón y se te muere tu primera mascota intentas imaginar como sera e día en el que seas tu el que abone la tierra con sus restos. Sobre todo piensas en si te dolerá, he de ahí el miedo que todo el mundo tenemos a la muerte. Desde mi experiencia solo os puedo asegurar una cosa, que te maten atravesándote el pecho con una Katana es bastante doloroso.

Capítulo 1 “Muerte”

Entrada: 27/06/09 1:50


17 de Septiembre, un despertador suena y como todas las mañanas, al estridente "biiiiiiiiip "biiiiiiiiip" le siguen las indecentes maldiciones. Las primeras que salen por la boca son protesta por romper un plácido y caliente sueño, las segundas son por el peso soportado en la entrepierna erecta que se ve forzada a aguantar el peso de la capa de mantas. Lo primero ya no tiene remedio, una vez despierto es prácticamente imposible que retome el sueño, sobre todo con doce horas de descanso a la espalda. Pero con un leve giro a derecha o izquierda es fácil aliviar la presión que amenaza con romper todo signo de virilidad.

Como todas las mañanas los primeros pensamientos son arto eróticos, lo mejor para desecharlos... una buena pajilla.

Con toda la sangre ya disponible para poder abastecer el cerebro, empieza el ritual que define a cualquier adolescente de 22 años (sí, hay quien se considera adolescente a esta edad). Una vez el ritual consigue que se aparente un cincuenta por ciento de guapo combinado con treinta por ciento de chulería y veinte de ternura solo queda llenar el buche para tener energía hasta la hora de comer.

Aseado y alimentado podemos ponernos en marcha hacia la universidad donde, si nos sonríe la suerte, vamos a poder meterle mano a alguna buena moza, cosa que seguramente sería mas difícil con coche propio, si, has leído bien, el autobús es un filón de escusas para entablar conversación, sobre todo si el viaje dura cerca de una hora.

En el autobús las conversaciones se entrecruzan, el dialogo se convierte en algarvia y todo ese momento se interrumpe por una voz conocida.

- ¿Acho, Fran, como va la cosa?

- Torcida y pal lado.

- Ya, claro, si no te la meneases como los monos no tendrías ese problema.

Y ese tipo de cosas son las que te dan la escusa perfecta para entablar conversaciones, porque de repente ves unas cuantas sonrisitas acompañadas de alguna mirada de reojo.

Y tras una mirada rápida solo hay una mujer que capta mi atención. Morena, ojos verdes, piel banca, pecho generoso y un culo que, aunque estando sentada, se intuye que es de esos con formita de pera y prieto como una piedra (para aquellos que lo quieran mas grafico, pongan a Ángel Dark en su mente y tendrán a la maravillosa Marian).

- Oye Marian, no te rías, que si me la pelo tanto es por tu culpa.

- ¿Por mi culpa? Oye, que el que tiene la mente enfermiza eres tú, no yo.

- Pero si me dieses un poco mas de amor...

- Te harías el doble de pajas

- jajaja Tienes razón, pero seguro que dormiría mucho más feliz.

- Tu ya duermes suficientemente feliz, son prueba de ello tus doce horas de sueño.- tuvo que hablar Emilio...

- Que sepas que mis horas de sueño son necesarias, sino no me daría tiempo a recuperar toda la energía que gasto pensando en Marian.

- Eres un cerdo...- ya, pero esa media sonrisa delata que te gusta.

- Cambiando de tema, ¿qué clases tienes hoy Marian?

- ¿Hoy? mmm... Déjame que piense... A primera Análisis de probabilidad, Matemáticas II a segunda y Cálculo a última hora.

- Osea se, que terminas a la doce, ¿no?

- Si

- Que te parece si quedamos para comer y ocupas mis manos. Que ya sabes lo que dicen de las manos ociosas...

- Si, y también habías dicho que íbamos a cambiar de tema.

- Marian, sabes bien que este solo piensa en una cosa.

- Te equivocas Emilio, hay dos cosas en las que pienso, aunque es cierto que ambas tienen que ver con ella.

- Pues sigue pensando en ellas porque estas bastante lejos de pasar a ser una realidad para ti.

- Bueno, entonces creo que me tocara comer otra vez con Emilio.

- Nop, hoy no puedo comer contigo

- ¿No? ¿Y eso?

- Tengo prácticas, y me van a ocupar toda la mañana y parte de la tarde.

- Bueno... voy a estar más ocioso de lo que me pensaba, supongo que me tocara meterme en la biblioteca.

- Tu ... En la bibioteca... Jejeje.- Joder, que poca confianza tienes en mi Marian.

El viaje termina, y me meto en la clase de las ocho y media de la mañana, por dios, si yo no soy persona hasta las once.

Hago los saludos de cortesía con los compañeros y pongo algo más de interés en las compañeras. Una conversación suelta capta mi atención, e incuso consigue que mi adormilada mente se despierte más de lo normal.

Por lo visto, desde hace un par de días, se ha empezado a propagar una leyenda urbana por el campus. Se dice que al llegar el medio día, una figura siniestra se planta con una espada frente a la estatua del ángel caído que adorna el centro del campus y que, según se dicen, fue el motivo por el cual se erigió una universidad aquí. Una vez esta ante la estatua, un destello envuelve al personaje que implosiona para volver a explotar en decenas de cuervos negros que graznan a los presentes, antes de desaparecer en el cielo azul.

- ¿Y alguno a conseguido grabar o hacer una foto a ese personaje?- parece ser que soy el único que tiene sentido común para preguntarlo.

- Algunos lo han intentado, pero solo han conseguido imágenes completamente en negro. ¿Porque no pruebas tu a hacerle una?- como si no tuviese otra cosa que hacer...- vamos a quedar todos a medio día para ver si vuelve a aparecer, incuso va a venir algún medio para cubrirlo.

La verdad es que entre ir a la biblioteca y consolar a alguna mujer asustada... prefiero lo segundo.

- Vale, me habéis convencido, a las doce nos vemos frente a la estatua.

Han pasado las horas, más lentas de lo que me imaginaba, y la gente ya empieza a dirigirse hacia la estatua en procesión casi religiosa, y se van escuchando teorías sobre lo que nos vamos a encontrar al llegar allí.

Unos piensan que se van a encontrar con un ser totalmente fantástico el cual viene a visitar la estatua del ángel caído.

Para otros no es más que un gracioso que ha sabido captar perfectamente la atención de la gente.

Desde mi punto de vista, esto no es más que alguna campaña publicitaria de las muchas que rodean el entorno universitario, como las azafatas que repartan Red Bull en tiempo de exámenes, mmm... Ellas si que son de otro mundo. Además, si viene la televisión, seguramente será algo de tipo mediático.

Una muchedumbre se ha congregado en torno a la estatua, es posible que nos hayamos congregado aquí cerca de la mitad del alumnado y gran parte del profesorado, a los cuales parece que también les ha llegado el rumor del extraño visitante.

La estatua, silenciosa observadora del tumulto que se congrega a su alrededor, preside el centro del improvisado escenario en el que se ha convertido la universidad. Desde los cuatro metros de atura que tiene el pilar sobre el que se alza, pasa revista a los presente, con las alas extendidas y amenazando al cielo con una espada en cada mano y despidiendo un atronador grito sordo. Nunca me había fijado en lo real de la recreación, poniendo atención se pueden ver las arrugas en las mejillas provocadas por la desencajada boca al gritar. Incluso el corto pelo, en lo que a simple vista parecía una cabellera lisa, como una bola de billar, es posible de distinguir si te tomas un momento. Una simple camisa bajo de una casaca que hace juego con los pantalones cortados a la altura de las rodillas, dejan al descubierto la definida musculatura, grabada fibra a fibra.

- Realmente es toda una obra de arte...

Un grito desgarrador, el silencio se hace entre la muchedumbre y como una lanza que se abre paso en un vientre, un pasillo se crea dejando al descubierto una oscura figura, ataviada con una túnica negra con la capucha echada sobre la cabeza, avanza sin resistencia alguna. Un chirrido enfermizo acompaña los pasos del individuo, los cuales son casi imperceptibles.

Consigue atravesar el círculo de gente, que se vuelve a cerrar cual herida bien tratada. Los murmullos de sorpresa se abren paso entre los presentes, pero pocas voces son las que se atreven a hacer más ruido que el chirrido que acompaña al extraño, sonido que ahora ya se puede decir de donde procede.

De su mano derecha, con el filo mirando al cielo, arrastra una Katana de más de metro y medio de longitud, cuya punta curvada se va clavando en el suelo dejando como resultado un fino surco en el adoquinado de la plaza. Ni una simple chispa sale del asombroso filo, como si estuviese rebanando mantequilla. El maravilloso acero, se ve iluminado con un candor azulado, similar al del hielo del polo, puro e impoluto.

El tiempo parece haberse estancado, cada paso de la oscura figura tarda una eternidad en sucederse, incluso la respiración de los presentes parece haber cesado. Y aun así, cada vez hay menos distancia que lo separe de la estatua, como si el tiempo y el espacio estuviesen reñidos y ya no fuesen los amigos inseparables que solían ser.

De mi mente ha volado todo pensamiento, al igual que un disco duro recién formateado y al que se le ha grabado una única imagen en memoria... una figura oscura frente a una estatua.

El enfrentamiento se produce, silencioso, inmóvil, y de repente... un destello, las figuras se iluminan con luz propia, los colores se distorsionan, los presentes y todo lo que rodea la magnífica y aterradora imagen empieza a derretirse como velas sucumbiendo ante el calor. Y por último, un movimiento, solo uno, y el final de la escena se sucede.

El extraño ha girado su atención hacia mí, como si la estatua le hubiese revelado mi presencia, y un instante después, su espada atraviesa mi pecho.

Todo el frio de un glaciar se concentra en la herida y se expande rapidamente por mi cuerpo. Un gorgoteo sanginolento aflora en mi boca. El calor de mi cuerpo me abandona bajo la atenta mirada de dos puntos rojizos que asoman bajo la oscuridad se la capucha. Y antes de que la primera gota de sangre que mana de mi pecho toque el suelo, la vida me abandona y mi cuerpo, cual muñeco de trapo, solo se mantiene en pie por la firmeza del acero que lo atraviesa.

Capitulo 2 "Despertar"

Entrada: 12/4/10 0:05

Tun tum..................................Tun tum...................Tun tum.............Tun tum.......Tun tum.......Tun tum.......Tun tum.......Tun tum.

Respira, respira: venga muchacho, haz un esfuerzo.
No puedo, mis pulmones están entumecidos por el frío.
"Animo Fran, venga, que la teoría es fácil, inspira, inspira.... ¡Joder!"
"i aaaaaaaaaaaaaaah !"
"Por fin; que aire mas calentito" mis pulmones se desentumecen con cada ola de aire que entra por mi boca.
Ahora abre los ojos, despacio, sin prisa.
Tomo conciencia de mi ser y puedo distinguir que me encuentro tumbado sobre una superficie dura, pero cálida, incluso empiezo a distinguir el poderoso y acogedor contacto del sol en mi cuerpo.
Hago caso a la voz que me guía a despertar de lo que parece ha sido un largo sueño.
Abro poco a poco los ojos y al mismo tiempo el sonido de todo lo que me rodea empieza a engullirme. La luz daña mis ojos, aparentemente acostumbrados a la oscuridad del mundo de Morfeo. Mis oídos se inundan de sonidos varios, unos mas familiares que otros pero todos producen el mismo resultado, un terrible y lacerante dolor en mi sien. Tras los parpados, la brillante luz del sol hace que el mundo se tiña de colores blanquecinos, que a cada segundo que pasa se va manchando de azul, con un leve tinte rojizo.
Los sonidos se aclaran en mi mente, ya soy capaz de distinguir las voces de varios individuos que discuten sosegadamente sobre cual es el mejor tratamiento para una insolación.
- Te aseguro, Palantios,- dice una voz ronca y grave- que con una compresa húmeda en la frente y un poco de sombra seria suficiente, incluso se le puede administrar algo de jalea real para acompañar a la rehidratación.
- Pues yo opino, Talantios,-contradice la segunda voz, mucho mas aguda y estridente- que deberíamos de meterlo en la fuente totalmente desnudo para hacerle bajar la temperatura corporal.
- Para ti todo tratamiento pasa por dejar totalmente desnudo al paciente.
- Las ropas son una gran fuente de infecciones, sobre todo en vagabundos tan sucios como este.
- Bah, eso no tiene ninguna base científica, es solamente una escusa para justificar el que vayas todo el día enseñando la barra de pan a todo el mundo. Menos mal que conseguí que te pusieses los calzoncillos antes de salir de casa.
- ah ja!¿ Y cuando fue la ultima vez que me viste enfermo?
- En invierno, cuando cogiste una pulmonía.
- Pero eso fue por ir desnudo. ¿Cuando he enfermado por un motivo que no fuese ese?
- De verdad hermano, eres desesperante. Bueno, bueno, parece que nuestro amiguito empieza a despertar.
Efectivamente, mis ojos se abren completamente en cuanto la luz ya no supone una tortura para ellos.
El tapiz azulado con manchas blancas que se dibujaba ante mi no es ni mas ni menos que el cielo salpicado por un banco de nubes. A los lados de mi visión veo dos figuras que se inclinan levemente sobre mi. A la izquierda esta un señor de avanzada edad, con las cejas pobladas de de blanco; abundante pelo blanco; que apenas deja distinguir si hay ojos debajo de ellas. La barba sigue la misma tónica y se ve intensificada porque se junta con la larga melena que le cae a los lados de la cara.
A la derecha se encuentra lo que parece ser su alter-ego, con aparentemente la misma edad, las arrugas lo delatan, es totalmente imberbe, de hecho no se aprecia ni un solo rastro de bello en su cabeza ni... en su cuerpo; "por el amor de dios, que alguien tape esas carnes; parece que se derritan por el contacto de sol.."
- ¡Hola! ¿como te encuentras amiguito?- Me pregunta el hombre de la barba- ¿puedes hablar?
Aunque tengo la garganta y la boca seca, consigo responder a su pregunta con un tímido “sí” que a malas penas acepta abandonar mis labios.
- Supongo que si me has entendido es que también hablas mi lengua, ¿verdad?
Con cada palabra que dice voy llegando a la total conciencia de mi cuerpo. El intenso calor del ambiente empieza a sofocarme. La sequedad de garganta me agobia y cuando intento mover algún musculo, un profundo entumecimiento se presenta como amo y señor de mi cuerpo.
- No me... puedo... mover- consigo decir venciendo la sequedad de boca- por favor... agua.
- Esto es lo que mas odio de los enfermos, nunca siguen el patrón de preguntas, ellos siempre a su aire.- protesta el hombre desnudo.
- Palantios coge un poco de agua de la fuente mientras yo lo ayudo a incorporarse un poco. Por favor señora,¿Seria tan amable de dejarme su parasol?
- Oye! Quien te a nombrado a ti su medico?- pregunta realmente indignado el hombre de la voz estridente.
- Pues lo has hecho tu mismo en el momento que sugeriste la idea de meterlo desnudo a la fuente. Ademas, soy tu hermano mayor...
- Por dos minutos!- protesta indignado, y al no obtener respuesta a sus quejas, gira sobre sus talones y se aleja rezongando- por dos minutos... ¿Hasta cuando me lo va a estar recordando? Debí de guardarme los modales y no dejar salir primero a los mayores... Pero claro, empezábamos a asfixiarnos en el útero y la cosa estaba fea...- el murmullo de voz se mezcla con el del agua cercana hasta quedar ahogado.
Mientras tanto, el hombre de la barba me ayuda a incorporarme colocándose tras de mi. Una vez sentado, con las piernas estiradas puedo observar que me encuentro en lo que parece ser una plaza con una fuente en el centro. La plaza esta adoquinada de losas ocres que son atravesadas por filas de baldosas rojas que empiezan en la fuente y se extienden radialmente desde ella. Es lo único que me permite ver la gente congregada a mi alrededor, la cual tampoco me abría dejado ver la fuente a mi derecha si no fuese porque se rompió el circulo al paso del hombre desnudo.
Hago memoria y la ultima escena que me viene a la cabeza es la de estar frente a una figura que me atraviesa el pecho con una espada. Aunque los recuerdos llegan a mi de forma un poco enrevesada, soy capaz de recordar mis últimos instantes de conciencia y, según veo, no coinciden en nada con la escena que tengo frente a mi ojos. Estoy casi seguro de que esto no es la universidad y por supuesto que estos no son alumnos de ella. De hecho, sus vestimentas son mas acordes a una película del siglo XVIII que a una universidad del siglo XXI. Incluso yo voy ataviado con un habito totalmente negro que se ajusta a mi cintura con lo que parece ser un cinturón de cuero.
La multitud se vuelve a abrir y por la brecha aparece de regreso el hombre desnudo con un cacharro de agua entre las manos y haciendo un brutal esfuerzo para no derramar su contenido.
Una mano grande y carnosa, con los dedos algo rechonchos, se posa en mi frente intentando adivinar la temperatura de mi cuerpo. Al mismo tiempo un pequeño parasol impide que los rayos del astro sigan maltratando mi confusa mente.
- Aunque no estoy acostumbrado a tratar a los de tu raza, me atrevería a decir que tu temperatura es correcta y que solo precisas de un poco de descanso en un lugar resguardado de este veraniego sol.
¿Los de mi raza? La pregunta asoma en mi mente pero no es capaz de dibujarse en mis labios y exteriorizarse, puesto que antes de poder hacerlo, el hombre desnudo vierte sobre mi el cántaro de agua que traía tambaleante.
¡Ups!- es todo lo que se le ocurre decir a la torpe figura.
Mira que llegas a ser torpe Palantios, al final como no accedí a meterlo en la fuente te las has ingeniado para hacerlo a tu manera. Totalmente desesperante.
No fue adrede hermano, sabes que mi equilibrio no es muy bueno y que mis manos son tormpes como las de un Orco.
No deberías decir esas cosas en publico o no tardaran en quitarte el titulo de mejor cirujano de Sundabar. Creo, sin miedo a equivocarme, que es mejor que quedes como un cabezota que como un torpe.- La sonrisa en los labios de Talantios ponía punto y final a la discusión fraternal.- Por favor, ve a la clínica y dile a Weeds que traiga una camilla para el muchacho. Y por favor, no se la tires en la cabeza cuando vuelvas, “manitas de mazapán”.- Y dando media vuelta, notablemente airado, Palantios desapareció de mi vista.
El frío liquido que había empapado mi cabeza provocó que se tensasen mis músculos,devolviendoles la movilidad y haciendo que mi cuerpo se estremeciera de frío
Gracias a la torpeza del anciano, ahora ya era capaz de mover algo mas mi cuerpo e incluso hago una tentativa de incorporarme un poco mas. Pero el hombre canoso frustra contundentemente mi movimiento posando una sola mano en mi hombro, mientras me traslada unas palabras de tranquilidad.
No te apresures chico, ahora te vamos a llevar a mi clínica y allí te terminaremos de dar el tratamiento que precisas, te aseguro que en poco tiempo podrás seguir tu camino.
De acuerdo- parece que la voz ha vuelto a mi cuerpo, con lo que ya soy capaz de contestar a algunas preguntas y expresar las que me rondan la cabeza.- ¿Donde estoy?
Mmmmm... Amnesia, no es un síntoma que me guste puesto que no concuerda con un sincope. Pero te diré, muchacho, que te encuentras en la gran Túrbula, capital del reino de Sundabar.
No me suena- la verdad es que nunca había sido bueno en geografía.
Tranquilo. Sera mejor que descanses hasta que te lleve a mi clínica, y seguro que sigues teniendo mucha sed. A ver si alguna de estas amables personas pudiese hacer la tarea que tan desastrosamente termino mi gemelo. A veces me avergüenzo de reconocer esto ultimo, pero supongo que no lo puedo cambiar.- Se notaba que las ultimas frases no iban dirigidas a mi puesto que su mirada se había quedado fija en el suelo, como si estuviese dialogando consigo mismo con la intención de espantar tales pensamiento de su cabeza.
Al poco, una señora de mediana edad, ataviada con un sencillo vestido rojo de seda y el pelo recogido en una cola, se acerco con un cuenco lleno de agua.
¿Me permites Talantios?
Por supuesto Geltrud.- Parece que son conocidos.- ya que has sido tan amable de acercarte, cuéntame, ¿Como van tus jaquecas?
Desde mi ultima visita- contesta la mujer- han remitido bastante y por lo menos ahora no veo alucinaciones estando despierta.- Mientras le da el parte al que parece se también su medico, me pone el cuenco en la comisura de los labios para que pueda beber, y con la proximidad de la señora, soy capaz de ver las profundas ojeras que contrastan con su blanca tez. Síntoma inequívoco de no poder conciliar un sueño tranquilizador.
El refrescante liquido se abre paso a través de mi gaznate como si de una lija se tratase,limando todas y cada una de las asperezas que atormentan mi garganta. La falta de costumbre de la acción de tragar provoca que el agua se meta en mis pulmones levemente, provocando una débil tos que indica al anciano medico que sobra de agua por el momento. Parece ser que la conversación con la mujer, Geltrud, ya ha terminado y ahora vuelvo a disponer de toda la atención del hombre que me mira con una leve mueca de intriga.
Parece ser que ya te encuentras mucho mejor pues ya no tienes un color tan blanquecino como hace unos minutos.
Delicadamente coge uno de mis brazos, lo alza y lo deja caer.
Como acto reflejo impido que este se estrelle contra el suelo.
Interesante. Jamas vi una recuperación tan rápida, aunque como he dicho antes, no suelo tratar a la gente de tu raza. Incluso me sorprende que estés tan tranquilo.
¿De mi raza?- ya no me costaba tanto expresar mis pensamientos
Vaya... la amnesia parece que no ha desaparecido, si muchacho, aunque también se me hace difícil saber la edad que tienes. Parece que te encuentras mucho mejor, ¿es así?
Si señor, ahora ya no tengo tan entumecido el cuerpo e incluso soy capaz de hablar, como puedes comprobar.- Mientras le doy el parte, voy comprobando cada centímetro de mi cuerpo mentalmente para ver si hay alguna irregularidad- Lo único es que tengo la vista un poco rara... todavía no termino de enfocar bien e incluso parece que vea todo a través de un velo rojizo.
Muchacho, a cada palabra que sale de tus labios me dejas mas desconcertado. Pero creo que voy a intentar que te mantengas por tus propios medios.
Dicho esto, el anciano separó su pierna de mi espalda y me invito a que sujetara el peso de mi cuerpo sobre mis brazos al mismo tiempo que él se retiraba.
Al ver que no me caía y que tenia la suficiente fuerza para mantenerme por mi mismo, el médico se coloco delante mía para poder hablar cara a cara conmigo.
Ciertamente si que tienes mejor aspecto, incluso creo que no vamos a necesitar esa camilla que trae mi patoso hermano.- Su mirada me indico a donde debía mirar.
Por detrás mía, a la derecha, se acercaban al trote dos hombres con una camilla. Junto a ellos, dejando las carnes ondular a cada paso, se encontraba Palantios, que aunque ya tenia una avanzada edad, era capaz de seguir el ritmo de los dos hombres, notablemente mas jóvenes que el. En cuestión de segundo puedo volver a disfrutar de la desnuda visión de Palantios a pocos centímetros de mi.
Creo que al final no vamos a necesitar la camilla- comenzó a explicar a los recién llegados- aunque por precaución sera mejor que no os la llevéis hasta estar seguro de que tiene fuerzas para mantenerse en pie y caminar un poco.
De la boca de Palantios se escucha escapar un resoplido de... ¿indignación?
Te he visto y oído hermano
Otro resoplido.
Bueno chico, dame una mano para que te ayude a levantarte- una fuerte manaza se tiende ante mi- Weeds, Jesh, ayudadle cogiéndolo por las axilas. Y tu Palantios échame una mano aquí delante.
Obedientemente los dos sujetos de la camilla me sujetan por las axilas mientras tiendo una mano a Talantios y otra a su antagónico gemelo. Un ahogado grito se escapa de lo mas profundo de mi alma; tengo la piel de color rojiza.
¿Que ocurre muchacho? ¿Te hemos hecho daño?- se interesa el medio y con un gesto de su cabeza ordena a los ayudantes que me den espacio.
De nuevo, las palabras no abandonan mi ser, la confusión se apodera de mi mente. Acerco mis manos a mi cara para poder verlas mas de cerca.
Ya no son las manos que yo recordaba tener, han cambiado. Con una forma esbelta y fuerte se ven bañadas de un intenso color rojizo salpicado por brillantes chispas allí donde las acaricia la luz solar. Las uñas negras, como las de un niño que se ha pasado todo el día jugando con la tierra, son duras como piedras y acabadas en una afilada punta semejante al pico de un pequeño Halcón que todavía no ha aprendido a levantar el vuelo.
Sin duda esas no eran mis manos, para nada.
Incapaz de apartar la mirada de ellas e inundado por la inmensa cantidad de preguntas que van tomando forma en mi cabeza, no me percato de que me han subido a la camilla y me trasladan a lo largo de la plaza y de diversas calles a cual menos parecida a las modernas ciudades del siglo XXI
Un chorro de frases inteligibles se introducen en mis oídos, la mayoría dirigidas a los portadores de la camilla y a la gente que se va cruzando por el camino, a penas soy capaz de prestarles atención pues son mis manos las que la tienen a tiempo completo.
Una dura bofetada me saca de mi ensimismamiento.
Chico, reacciona. Si no me hablas no puedo saber que es lo que te ha provocado el shock.- Es Talantios intentando captar mi atención.
Mis manos... mi piel... mis uñas- rápidamente me incorporo en lo que parece ser un lecho de reposo para los enfermos, al cual no tengo mucha idea de como he llegado.- ¡ Un Espejo, rápido !
La desesperación va abriéndose paso entre cada una de mis palabras y consigue llegar a los interlocutores presentes en la habitación.
Con una gesto de la cabeza, Talantios que estaba frente a mi, indica a uno de los anteriores camilleros que me concedan lo que pido. Mientras Palantios observa, ya no tiene esa expresión bobalicona, su ceño fruncido deja translucir la inmensa inteligencia que se esconde detrás de ese aire despreocupado que parecía tener en la plaza.
Pero antes de que te deje mirarte en el espejo debes decirme que es lo que te ha sobresaltado antes... yo y mi hermano podemos hacernos una idea, pero esperamos equivocarnos.
Mis manos...- mi vista se vuelve a centrar en ellas.- No son mis manos... no es mi piel... y estoy seguro de que esto no es pintura... Y lo mas importante ¿Como es que a vosotros, ambos médicos, no os parece raro?
Dime chico...
Me llamo Fran.- le interrumpo con brusquedad.
De acuerdo, Fran, ¿De donde eres? Y sobre todo, ¿De que raza eres?
¡ Joder ! ¿ Como que de que raza soy ? ¿ A que viene esa pregunta ?
Para poder responder las tuyas, primero necesitamos saber las respuestas a las nuestras.- era Palantios el que había hablado. Su gesto se había endurecido seriamente.
Tres profundas inspiraciones intentan traer algo de calma, aunque a malas penas sirven para algo.
Soy de raza blanca y español.- Por el momento era toda la información que tenia ganas de darle a unos absolutos desconocidos.
Tal vez nos hemos expresado mal.- Talantios parecía decepcionado con la respuesta.- Tal vez deberíamos haberte preguntado de que especie crees que eres, humano, elfo, enano, etc...
¡ Por el amor de dios, soy humano! - Aunque la afirmación había sido hecha con mucha fuerza, algo dentro de mi le había restado convicción.
Weeds, pasale el espejo a mi hermano.- Ordeno Talantios. Y con un ademan indico al hombre que había traído el objeto y al otro camillero que se retiraran. Ahora estaba a solas con Palantios y Talantios. Un tétrico ambiente se estaba apoderando de la estancia.
No eres humano, chico.- la brusquedad y sequedad de la afirmación hizo que incluso Talantios soltara una protesta hacia su hermano.
Te prefiero cuando eres torpe e idiota.- pero la afirmación era más para si mismo que para su pelado hermano.
Al menos, ya no eres humano.- prosiguió Palantios mientras me ponía el espejo frente a mi.- Eres un Demonio.